All Thing Most Pass
No hubo avisos previos, o yo fui incapaz de verlos, presentirlos o simplemente intuir que ya todo se había ido a la mierda. Fue un domingo de noviembre y no hubo gritos, ni malos entendidos, vaya ni siquiera hubo espacio para el ruego patético del que está condenado a muerte y tiene su última palabra. No hubo una última palabra. En retrospectiva sí que la hubo, fue simple y llanamente: Adiós. El destino era claro. Tomé mis pocas pertenencias, embalé todo en dos bolsas negras de basura y salí como quien busca un basurero. El desechado era yo. El día era lindo, cielo despejado y con vientos tardíos de octubre. Mi dirección era cualquier parte ese día y hasta ese momento me di cuenta que algo me quemaba en el pecho; algo que no había sentido desde la muerte de mi papá hacía 17 años atrás. Pero nadie había muerto esa mañana. En todo caso era el amor o la idea de amor o la expectativa del futuro junto a alguien la que había muerto justo unos minutos antes. No agonizaba, hab...



